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Aquí están los periodistas a los que la DAIA les pagó un viaje a Israel en marzo 2018. El más alto en esta foto (bajo la leyenda "...

viernes, 23 de diciembre de 2016

ESQUIRLAS


Dias atrás,  todos los medios dieron la noticia de un  hallazgo  -tras 22 años-    de esquirlas extraídas de autopsias de víctimas del atentado a la AMIA de 1994.  El anuncio de la fiscalía sostiene  que  “un adelanto del examen pericial de estos materiales realizado ahora por Gendarmería Nacional afirmó la concordancia entre la estructura de estas esquirlas con la de aquellas piezas de camioneta Trafic recogidas en el lugar y peritadas en 2002.  Este resultado en confronte con otras constancias de la investigación consolida además la hipótesis del empleo de una camioneta para la comisión del atentado”.  El comunicado finaliza señalando que  esto refuerza en una dirección “inédita y unívoca” la hipótesis históricamente sostenida por la fiscalía.      
Sin embargo,  y pese a la encomiable tarea que viene realizando la nueva UFI AMIA,  existen sobrados motivos que justifican mantener una actitud mucho más prudente,  a contrapelo de las ansias generalizadas de dar por esclarecida la mecánica del atentado.   


Ansias que llevaron incluso a algunos periodistas a ir más allá de lo que en verdad hasta ahora contiene el informe promovido por la fiscalía.   
Llamativamente,  incurre en un error de este tipo el apreciado “Tuny” Kollmann en Página/12,  cuando en su categórica nota https://www.pagina12.com.ar/9216-confirman-que-se-uso-una-trafic-en-el-atentado-a-la-amia  sostiene que:  “La conclusión formulada por los fiscales es que "existe plena coincidencia en la estructura y recubrimiento (color Blanco Chapelco, utilizado en las camionetas Trafic  fabricadas entre marzo de 1987 y octubre de 1989) lo que permite afirmar que el 'aparato infernal', usando un término de los forenses, no pudo haber sido otro que esa camioneta”   .       
  
El informe pericial que se presentó,  no dice eso.     El adelanto realizado por Gendarmería señala,  solo y exclusivamente,   que un total de tres esquirlas   “presentaron restos de un recubrimiento primario basado en los elementos fósforo, manganeso y zinc, concordante con el que presentaron “algunos de los fragmentos metálicos” (…) “con el material analizado en la pericia nro. 25.665 del año 2002, efectuada sobre los restos de la Trafic secuestrada” (SIC).      Fuera de que no existió ninguna “Trafic secuestrada”, la realidad es que las respuestas no mencionaron nada sobre el color Blanco Chapelco. 

Los recubrimientos con esos elementos no son patrimonio exclusivo de “Trafics Blanco Chapelco”,  siendo esos fosfatados utilizados para preservar superficies metálicas.    Y no puede perderse de vista que las fotos posteriores a la explosión muestran varios vehículos desintegrados,  con pérdida de todo tipo de fragmentos que volaron como proyectiles en diversas direcciones:   “Basta recordar, al respecto, que la fuerza provocada por el estallido, a más de derribar el edificio de la A.M.I.A., fue suficiente para girar, casi 90º, el automóvil Renault 20 de Daniel Joffe (ver fotografía nº 4, recibida a fs. 1975 del legajo de instrucción suplementaria, la de fs. 9 del anexo planimétrico fotográfico, parte I y las video filmaciones, donde se lo observa en posición perpendicular a la calle) (…) y provocar que el vehículo de Isidro Neuah saltara, sin rodar, unos cuantos metros”,  decía la Sentencia del TOF 3 en el año 2004.  Aquí pueden verse algunas imágenes ilustrativas,  de solo algunos de los vehículos destrozados:



La primera,  muestra los restos del patrullero de la Federal,  seguido por otro rodado.  La segunda,  lo que quedó del Renault del electricista Daniel Joffe (el otro lado y la parte trasera quedaron mucho peor).   En una crónica del juicio firmada en el 2001 por Daniel Gutman,  en Clarín pero sin la censura de Daniel Santoro,  se reflejaron las presiones que recibió el atormentado Joffe -cuyo empleado murió en el atentado-  para que dijera haber visto una Trafic:

La declaración más tensa fue la de Daniel Joffe, un electricista que trabajaba en la AMIA. A él se le quedó el auto y, a pocos metros del edificio, levantó el capot y se puso a ver si podía arreglarlo. El contó que un camión dejó un volquete en la puerta de la mutual judía un instante antes, y que no vio ninguna Trafic cerca.
Joffe, que perdió el ojo derecho por el atentado, contó que agentes de inteligencia le empezaron a mencionar una Trafic la misma noche del atentado, en el hospital de Clínicas. Y aunque primero lo negó, terminó por reconocer que una persona que se presentó como agente de la SIDE lo amenazó: "Cuidá a tu familia. Es lo mismo morir bajo los escombros de la AMIA que de un balazo en la cabeza".
En los meses posteriores, Joffe anduvo por varios programas de televisión. "No hubo ninguna Trafic.   Estoy convencido",  dijo en uno de ellos, que se exhibió ayer en la sala. Ayer, sin embargo, eligió una postura mucho más prudente: "A mí no me consta que la bomba estuviera en el volquete porque no tengo pruebas".   
El electricista dijo que, cuando se produjo el estallido, alcanzó a ver "una llamarada", que venía desde adentro del edificio. Más concreto en este sentido fue una persona que estaba en la otra cuadra de la AMIA, Gabriel Villalba, quien contó que estaba muy pendiente del tránsito porque tenía su auto estacionado en doble fila, y que no vio ninguna Trafic. Como Joffe, recordó haber visto una llamarada saliendo desde la AMIA”. 
(http://edant.clarin.com/diario/2001/10/31/p-02201.htm ) .   

De mis propias notas sobre el juicio agrego algunas otras cosas más que dijo Joffe,  quien además de un ojo perdió audición:     “Recordó asimismo que esa mañana se estaban ingresando a la AMIA bolsas de yeso,  las que eran apiladas cerca de la entrada.    Respecto de los restos de su vehículo,  refirió que telefónicamente se los quisieron comprar por $5.000,  y que al negarse le ofrecieron el doble,  valor que los mismos de ninguna manera tenían.  Al querer saber quien era,  le cortaron la comunicación”.

Lo cierto es que toda la causa AMIA está signada a lo largo de los años por oscuras operaciones,  incluyendo la aparición del supuesto “conductor suicida” que integra la hipótesis fiscal introducida por Nisman y vigente hasta ahora  (ver  http://lacausamia.blogspot.com.ar/2015/03/ensalada-de-bin-laden-y-berro.html ),  e infinidad de episodios más.  Con tales antecedentes, la aparición a 22 años de la masacre de esquirlas nunca antes ubicadas,    obliga a asumir  una posición por lo menos crítica y cautelosa.     Más aún,  si se repara en algunas circunstancias que rodean su aparición.     Dice un cable de la agencia Telam:    “El 31 de agosto, el jefe de la División de Laboratorio Químico de la PFA, Fernando Vera, informó la existencia de distintos elementos probatorios en esa división pero no estaban los restos metálicos.   El eventual extravío de las esquirlas generó tensiones entre la UFI-AMIA y la PFA hasta que, según pudo saber esta agencia, la Policía informó que los restos metálicos habían aparecido en una bolsa junto con un balde rojo, en un freezer del laboratorio.    El hallazgo quedó registrado el 8 de septiembre en un informe que la División Laboratorio Químico elevó a la UFI-AMIA: se específico la aparición de una bolsa con el rótulo “MAT REMANENTE PER 6730/94 (ESQUIRLAS)” que tenía otras 14 bolsitas en su interior”.  Antes de que aparecieran,  ocurrió lo siguiente,  según consigna el informe de los fiscales:  “el 5 de septiembre de 2016 se requirió al Departamento Unidad de Investigación Antiterrorista (DUIA) de la PFA asistir al personal médico para el traslado bajo custodia del material aludido a la Morgue Judicial (fs. 138.506). Pocos días después, el 8 de septiembre de 2016 la División Laboratorio Químico elevó a la UFI AMIA un informe adicional dando cuenta del hallazgo de nuevos materiales”.  Es decir,  se dio intervención a la DUIA (algunos de cuyos ex miembros,  incluyendo quien fuera su jefe más relevante,  están siendo investigados por encubrimiento),  y 3 días después se produjo el hallazgo adicional de las piezas metálicas.   ¿Dónde?:  en un freezer,  donde habrían estado 22 años debajo de un balde rojo con restos orgánicos congelados.   Sorprendente.         

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